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Opinión Jueves 23 RSS
EXITOS Y FRACASOS

La mayor parte de los fracasos nos viene por querer adelantar la hora de los éxitos. Amado Nervo
Por Lic. Ana Bodack
21/5/2013
Eutanasia preventiva
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14/5/2013
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Vecinos en guerra
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30/04/2013
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24/4/2013
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15/4/2013
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10/04/2013
El negocio farmacéutico y el entorno económico actual
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8/4/2013
Todo me (y se) importa
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Me encontraba reunida con un grupo de médicos ya retirados del desempeño profesional en sí, miembros de una Fundación, discutiendo temas cotidianos que hacen a nuestras mutuas disciplinas, es decir, la sociedad, la alimentación y, como no podía ser de otra manera, la salud de la población.

Considerando que gran parte de los participantes eran adultos mayores, que eran indescriptiblemente amables, nos trataron con mucho respeto –merecían el mayor de mi parte y depositaron en nosotros mucha confianza –y yo debía hacer quedar bien a mis colegas- cuidé las formas y mi lenguaje, no critiqué al ochenta por ciento de la humanidad como hago generalmente sino hasta que uno de los presentes nos preguntó:

¿Y uds. qué opinan del Dr. Salpicret?

Luego de dar cada uno de nosotros nuestro parecer –todos en concordancia- sobre el mentado galeno que, además de traer al país el método conductista de autoayuda para adelgazar gratuito, lo reprodujo en forma privada y en su clínica más “intensivamente”, posee convenios con industrias alimenticias para ponerle su nombre a los productos de línea light, cultiva su propia marca de caterings a domicilio, aconseja en micros y noticieros televisivos sobre salud en general pero, por si todo eso fuera poco, tiene su propio programa de TV, mezcla de Gran hermano, Bailando por un sueño y American Idol. Del primero han sacado la idea del reality en el que la vida de los participantes -que, por un tratamiento gratis, 15 minutos de fama o ambas cosas- aparecen en cámara una y otra vez dejándose filmar y medir prominentes abdómenes en paños menores o permitiendo que irrumpan en los dormitorios que comparten cual policías armados para un allanamiento revisándoles los cajones en busca de las barritas de cereal desaparecidas de la cocina.

Dicho sea de paso, estas “golosinas” se les dan a niños de bajo peso como alimento hipercalórico. Aquí se recomiendan como “colación”. Claro, si la energía en kilocalorías de los alimentos está en relación al peso de los mismos, una barrita no pesa casi nada, por lo tanto, tiene pocas calorías pero tampoco satisface y encima, a nadie le gustan. Eso sí, si te las prohíben y no hay nada más rico para comer y además te dicen...

Díganos lo que piensa


que hasta que no bajes los 70 kilos que te faltan tampoco deberías comer nada que te de placer, es lógico que, no sólo te comas las barritas –feas- yo me comería hasta a la barra brava de boca. De Bailando por un sueño y American Idol, los profesionales-jurado, han sacado la idea de hacerse lo malos, de tratar mal a los pacientes/participantes, de retarlos como si fueran niños que no saben lo que hacen. Pero, como reflejo de la imagen que la sociedad tiene del gordo y su enfermedad, lo victimizan y acusan y dejan en claro que todo lo que le pasa es culpa de él. De su falta de voluntad para cuidarse, para hacer deportes, de su proclividad a la vagancia y al ocio. (Con lo gratificante que es correr una cuadra y agitarse y estos muchachos se lo están perdiendo! )

Pero, en realidad, además de hacer hincapié en el maltrato que le dan a los pacientes –que quizás se exacerba en el show televisivo y hasta esté acordado y consensuado por contrato-, me interesa reflexionar sobre el éxito y/o fracaso que conllevan este tipo de dietas “crónicas” a las que se intenta someter a los obesos y gente con sobrepeso que se convierte en obesa.

La experiencia de trabajo de campo me dice que las dietas estrictas y a corto plazo no funcionan. Quienes, supuestamente, obtienen buenos resultados por este medio, fracasan, por lo tanto, qué necesidad hay de reducir en poco tiempo algo que llevó tanto adquirir? Además, exigirle a una persona que pase el resto de su vida implementando técnicas para reemplazar todo lo que desea (en este caso comer pero bien podrían ser de otro rubro) es, por lo menos, tan cruel, como…se me ocurren algunas imágenes que no puedo reproducir porque soy una dama pero ud. querido lector, hágase las propias.
El problema es seguir desconociendo que comer es socializarnos, compartir, dar amor, recibirlo, mostrar status y muchas otras cosas además de saciar el apetito y, cuando un “gordo/a” (dicho con todo cariño) quiere entrarle a una torta de chocolate porque está ansioso/a o porque lo dejó la/el novia/o, difícilmente pueda reemplazarlo por una porción de gelatina light. En cambio, permitirse un brownie no lo hará sentirse menos sólo pero lo hará sentirse menos cucaracha.
susana schaiga ( ayspolischer@yahoo.com.ar )
buenisimo,querida

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