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Septiembre 1
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Independencia profesional
Desde que los medicamentos son fabricados por los laboratorios, los farmacéuticos comunitarios nos hemos quedado en exclusiva con la dispensación. Esta, aunque sea adornada como muy profesional, no deja de ser, para la población ajena al mundo de la farmacia, como una venta especializada. En realidad, nuestro papel de vender o dispensar medicinas, y en algunos casos dar consejos sobre cómo tomarlos, cuando esto ya ha podido ser explicado por el médico, no es útil para gran parte de la sociedad.
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Lo importante son los conocimientos, y los farmacéuticos los tenemos. Por eso cuando ya existe un diagnóstico establecido por un médico, el farmacéutico debería ser capaz de elegir la mejor estrategia farmacoterapéutica con su dosificación, pauta, etc. Es más, el ajuste de las dosificaciones en los tratamientos establecidos ya debería ser una tarea realizada por los farmacéuticos de cualquier ámbito de trabajo. También debería estar capacitado para retirar medicamentos, pedir una analítica para ver la evolución del tratamiento farmacoterapéutico en el seguimiento, etc. Por todo ello, tendría que ser responsable, tanto para lo bueno como para lo malo; y por ello tendría que retribuírsele. De este modo, el farmacéutico sí sería un profesional mucho más útil a la sociedad. Los pacientes nos verían entonces como profesionales completos. Por supuesto que tendríamos que seguir trabajando con los médicos, porque les necesitamos, pero no necesitaríamos su permiso para actuar profesionalmente.

Si todo esto no se hace, no entiendo por qué una sociedad va a pagar a un licenciado para vender, o incluso dispensar, medicamentos, cuando en la mayoría de nuestras farmacias los propios titulares de estas permiten a sus auxiliares vender las medicinas, asesorar e indicar tratamientos. No seamos cínicos.

No nos equivoquemos, los farmacéuticos no podemos esperar nada de la Administración, ni de la actual, ni de la pasada, ni de la futura. Para ella somos únicamente administrativos de lujo para cobrar los medicamentos. Es hora de que nos demos cuenta de que estamos solos, y de que solos tendremos que buscar nuestro camino de profesionalización de la farmacia (como ciencia, y no como establecimiento). Porque si existen compañeros que se conforman con solo dispensar, muchos creemos que eso no es suficiente para una profesión universitaria que quiere desarrollarse y seguir siendo independiente. Y más aún cuando cada día existe más evidencia científica que demuestra que los medicamentos se utilizan mal y que existen problemas de necesidad, de efectividad y de seguridad con ellos1. Por lo tanto, trabajemos con el objetivo de desarrollarnos profesionalmente, incluso si hay que bordear la ley por el bien de nuestros pacientes. No olvidemos que así fueron los comienzos de todas las profesiones para que finalmente la sociedad acabara aceptando los hechos consumados.

Y para llevar cabo el seguimiento farmacoterapéutico u optimización de la farmacoterapia, o el nombre que se le quiera dar, necesitamos independencia profesional. Es decir, que no tengamos que pedir permiso para cambiar los tratamientos de nuestros pacientes. Evidentemente, esta independencia profesional no será aceptada por algunos. El primero de ellos, el médico; especialmente los médicos de los colegios profesionales, ya que están siempre en contra de cualquier movimiento que implique un aumento de la profesionalidad del farmacéutico, aunque ello conlleve beneficios para el paciente y para el propio médico. En el fondo les gusta que los farmacéuticos sean vendedores, y así nos lo echan en cara siempre como una profesión subalterna a la suya. Pero cuando oyen hablar de reprofesionalizar la farmacia, les da pánico. No es más que miedo a la competencia que pudieran tener; no quieren compartir al paciente porque creen que eso les da mucho poder.

Otro grupo que no aceptaría este cambio sería el de los farmacéuticos asistenciales (comunitarios, de atención primaria y hospitalarios). Existen muchos farmacéuticos que no quieren la responsabilidad que viene aparejada con ese cambio. Además, no les gustaría trabajar de otra manera, más profesional, y la mayoría no querrá saber nada. Es más cómodo que trabajen los auxiliares.

La corporación farmacéutica es, por último, el grupo que se opondría a esta reprofesionalización.

No quieren oír hablar de otro tipo de retribución, si pierden la facturación de las recetas. Ni de aumentar la responsabilidad. Su apoyo actual a la atención farmacéutica (dispensación, indicación y seguimiento farmacoterapéutico) no es más que pura estrategia para seguir con la dispensación, que es lo único que verdaderamente les interesa.

Para la reprofesionalización de la farmacia como ciencia, necesitamos crear o mejorar dos aspectos: cuerpo de conocimientos propio, y nueva retribución. Pero, para crear un cuerpo de conocimientos propio de la farmacia, es necesario, además de la investigación, poner orden en nuestra propia casa.

Y me explico: todos los cursos, charlas sobre farmacoterapia que vayan dirigidos a los farmacéuticos, tienen que ser impartidos obligatoriamente por farmacéuticos. La parte de diagnóstico o de patología sí pueden darla otros profesionales, pero nunca la farmacoterapia. No podemos,...
en nuestros propios congresos y cursos, contratar a médicos cuando los farmacéuticos estamos mejor preparados en farmacoterapia. Algunos colegios de farmacéuticos contratan a médicos para sus cursos de farmacología, y lo que es peor, en ocasiones lo hacen a través de algún laboratorio que «lleva» a su propio médico. Antes de que hable, ya sabemos de qué va a hablar.

Tampoco debemos caer en la estupidez de que los farmacéuticos de atención primaria estén enseñando a profesionales de enfermería el seguimiento farmacoterapéutico y la detección de resultados negativos de la medicación (RNM). El seguimiento farmacoterapéutico deben hacerlo los farmacéuticos comunitarios, en la farmacia; y los de atención primaria y de hospital dentro de sus instituciones y colaborando todos entre ellos. En las residencias de ancianos debería ser obligatorio tener un farmacéutico para realizar el seguimiento farmacoterapéutico a todos los residentes2.

Ese debería ser su principal cometido, y no la dispensación. Se ha demostrado que si son los farmacéuticos quienes revisan la medicación de los ancianos de las residencias, el beneficio para los propios residentes y para toda la sociedad en general es mucho más alto.

El cambio de la retribución es fundamental. Se dice que no es el momento de hacerlo; en realidad, nunca es el momento, según algunos. Pero está claro que sí es el momento de valorar, de estudiar alternativas, de ver qué se hace en otros países, de discutir entre nosotros otras formas, para que cuando llegue el momento sepamos al menos dar alternativas que nos favorezcan profesionalmente, de modo que no nos impongan, como siempre, un sistema que seguro no nos favorecerá. Actualmente, la retribución de los farmacéuticos comunitarios se basa en un margen comercial sobre las ventas de medicamentos y productos sanitarios3, un margen que puede llegar a ser diabólico y traer numerosos conflictos de interés.

En muchos países europeos, se están dando cambios en la remuneración a estos profesionales, pasando a un sistema mixto, diferenciando claramente el pago por los servicios logísticos y el de los servicios farmacéuticos profesionales. Está claro que cualquier sistema que se adopte no puede representar un coste para la administración superior al actual. Analizando las figuras del artículo de Stubbings4 (figura 1), podemos ver que el día de mañana la retribución del farmacéutico tendría que ser mixta, separando el pago de los servicios profesionales de los de la mera dispensación. En el futuro, y es mi opinión, el farmacéutico debería abandonar la dispensación y dedicarse totalmente a los servicios profesionales, y por supuesto cobrar por estos exclusivamente. Esta puede ser la única vía para evitar los posibles conflictos de intereses que podrían producirse entre ambas.

Siguiendo a este mismo autor, se contemplan seis elementos fundamentales para que pueda darse esta transformación para pagar los servicios profesionales farmacéuticos.

1. El farmacéutico debe aceptar la responsabilidad y su papel en el manejo de la farmacoterapia.

2. Separación del pago por servicios, de la dispensación. Debería facturarse por separado. De esta forma, no habría dudas ni conflicto de intereses.

3. Unir el pago por los servicios farmacéuticos a la acreditación de estos servicios.

4. Documentar los procedimientos, resultados, etc., de los servicios farmacéuticos profesionales.

5. Establecer estándares de calidad. Conviene que los servicios farmacéuticos profesionales muestren un valor a través de medidas de calidad bien definidas, incluyendo indicadores clínicos, de servicios y económicos. Los servicios deberían estar estandarizados para que pudieran medirse bien.

6. Adoptar un pago diferente para los servicios farmacéuticos profesionales. Existen diversos modelos de pago a los farmacéuticos. Tendríamos que estudiar los diferentes modelos que existen en Europa y adoptar el modelo que mejor se adapte a nuestra idiosincrasia, pero diferenciando totalmente el pago por dispensación de los servicios, y procurando que el conjunto no provoque un aumento del gasto total para la administración, tal como aparece reflejado gráficamente en la figura 1 del estudio citado.

Cuanto antes nos pongamos a la tarea, mejor (afortunadamente, la SEFAC ha propuesto un nuevo modelo), porque ya queda muy poco tiempo. Y no es que quiera ser un mal agorero, pero tal como van las cosas, y no me importa el partido político que gobierne, a la administración no les saldrán las cuentas, ni aunque nuestro margen fuera cero. Yo soy titular de una farmacia, pero ya estoy buscando una alternativa profesional. Así pintan las cosas, compañeros.

Antonio Barbero González
Farmacéutico comunitario
España